- LA DEMOCRACIA EN EL EJERCICIO DE LA SOBERANIA POPULAR Y LEGITIMACIÓN DEL GOBIERNO.
La palabra democracia proviene del griego δημος (demos), Κράτος (kratos), cuyo sentido etimológico sería "el gobierno del pueblo. Vocablo originado hace más de dos mil años en la cultura Hélade como forma de gobierno de las polis griegas, que hoy en día se ha mundializado a partir del siglo XX, e integrada a lo largo del tiempo por distintas ideas, valores y modelos de gobierno.
Hoy, la democracia podría definirse como "una organización interna del Estado por la cual el origen y el ejercicio del poder político incumbe al pueblo, organización que permite al pueblo gobernado gobernar a su vez por medio de sus representantes electos".
Sin embargo, constatamos que apelar exclusivamente al significado etimológico de la palabra "democracia", no da cuenta de lo que constituye actualmente dicho concepto, ni el significado que tuvo antes de nuestra era, en virtud de su naturaleza polisémica y polivalente, como veremos más adelante.
Por decir un ejemplo: el prefijo demos (pueblo), en la antigüedad lo constituía una minoría de personas que decidían las cuestiones públicas, sin intermediarios ni comicios electorales, que reunidos "Asamblea del Pueblo" (Ekklesía) ejercían directamente la orientación del gobierno de su comunidad.
Además resaltar que las decisiones tomadas por el "pueblo" eran producto de la voluntad de unos cuantos y no de todos. Ya que el resto de los habitantes (metecos, esclavos y mujeres) estaban excluidos de los derechos civiles y políticos.
De este modo, la democracia surgió como una forma directa del gobierno de unos cuantos que decidían por la mayoría, en asamblea y sin representantes, en condiciones inequitativas y electos en ocasiones por sorteo y no por elecciones de candidatos a los puestos de las magistraturas. El origen de la democracia por tanto, proviene de la desigualdad y la exclusión, situaciones que marcan el punto crítico de todo sistema político democrático: la marginación.
Y aunque las ideas de libertad e igualdad tuvieron fuerte arraigo en la Grecia antigua, la evolución teórica de la democracia ha ampliado sus bases hacia todos los seres humanos con derechos fundamentales que dan sustento a la paz. (Ver cuadro 1.1)
No es extraño que la democracia haya sido siempre criticada por múltiples problemas que plantea este tipo de gobierno. Desde la Grecia antigua con Aristóteles eludiéndola porque la virtud de gobernar no proviene del sorteo ni del voto, sino del conocimiento y la preparación; hasta Roma en el Monte Aventino (año 494 a.C) donde los plebeyos obviaron la marginación de la representación de intereses amén de las fracturas políticas que corrompieron finalmente, al gobierno por la competencia del poder.
No sin olvidar que en Inglaterra, cuna del pensamiento del liberalismo y la división de poderes, Sir Winston Churchill pidió tolerancia hacia la democracia porque a pesar de sus deficiencias, era la menos peor.
1.1 CUADRO DE EVOLUCIÓN DE LA DEMOCRACIA
Mahatma Gandhi en el otro lado del hemisferio, meditó a la democracia como un cascarón vacío, si existía miseria, desigualdad e injusticia en el Estado, a pesar de existir suficientes leyes, votos, y representantes en el gobierno.
Fue hasta principios del siglo XVIII durante la Revolución Inglesa, la Independencia de las trece colonias norteamericanas y la Revolución Francesa cuando fueron confirmadas por primera vez, las teorías de Jacobo Rousseau y John Locke, con los ideales de soberanía popular, división de poderes, representación, parlamentarismo, y sufragio universal como fundamentos del sistema político contemporáneo y del régimen de derechos y libertades del hombre.
Sin embargo, la democracia adolecía aún en ese entonces –siglo XVIII-de la escisión del "resto del pueblo" en la participación política del gobierno. Excluidos de voz y voto aquellos que por su condición socio-económica, religiosa, racial o sexo, no poseían tales prerrogativas pues persistía la esclavitud, el voto censitario de tenencia de tierra y dinero. Además las personas cuya religión era opuesta a la oficial, carecían de derechos políticos asi como las mujeres.
1.2 Cuadro teórico la democracia.
Algunos autores criticaron duramente a la democracia como una ficción irrealizable y más bien dicho: era un hábil artificio para justificar al "Estado de Derecho" en el perfeccionamiento del poder burgués y luego de la clase media alta.
Al ideal de "soberanía popular" se le consideró un mito mucho más eficaz y racional que el poder divino de los reyes, para someter al pueblo a los designios del gobernante. Los "derechos y libertades individuales" como excusas para engañar al individuo y continuar inconscientemente produciendo en el sistema capitalista, porque decían que con la democracia se aletargaba la rebeldía y las reivindicaciones sociales mediante "mitos" y "elecciones". Proclamas justificadas mientras no existiera una justa redistribución de la producción y la riqueza entre todas las clases sociales. ¿Cómo se podía hablar de democracia y soberanía popular si los ciudadanos no pueden controlar el poder económico?
La democracia en suma, debe ser criticada a fondo en todos los aspectos, porque ahí, en el juicio pormenorizado encuentra sustento el consenso y la razón sobre la charlatanería, la parálisis institucional y los meros formalismos de la democracia. Pero más importante sería preguntarnos como sociedad y Estado:
¿Qué ha ganado el pueblo con la democracia?
Actualmente según el Banco Mundial existen 100 millones de pobres en el mundo que viven con apenas un dólar diario. Mientras que el 99% de los países se consideran democráticos. No obstante, para entender a profundidad la democracia y su relación con el poder en la sociedad o su función en la economía del Estado y global, requieren discutir la mutación histórica de sus fundamentos teóricos y fácticos que llevaron a considerarla como el sistema político por excelencia del ejercicio de la soberanía popular y legitimaciónpero que aún dista de ser aquella promesa. (Ver cuadro 1.3)
Hace falta hacer sesudos estudios de comportamiento, honestidad y compromisos para encontrar la veta de la democracia, si es que a ella queremos alcanzar.
Esto sería finalmente, que la gobernabilidad sea la correlación entre las demandas sociales y las formas-sustanciales de la democracia. La realidad democrática que vivimos, demanda reconocer que existe marginación política, que aun prevalece la miseria, y admitir cuán lejos estamos de ser lo que deseamos llegar a ser, pero sobre todo romper inercias y atavismos.
1.3 CUADRO DE PAISES DEMOCRÁTICOS EN AZUL.
No obstante, la representación política y la función de los partidos políticos en la democracia actual, han sido meridianamente suficientes para resolver los graves problemas de nuestro tiempo, pero aun estamos ante la imposibilidad del gobierno en traducir plenamente la voluntad del pueblo porque hacerlo únicamente mediante el voto y los representantes electos, mantiene el status quo clientelar.
Que difícilmente será la forma capaz de alcanzar la democracia como forjador de respuestas a las necesidades sociales. Por ello, con justa razón la democracia requiere nuevas fórmulas de generar consensos, eliminar la apatía y el coraje aletargado por la política marginal e ir hacia nuevos horizontes radicales de la democracia.
El ejercicio de la soberanía popular ha sido adelgazada con meros formalismos democráticos que buscan cumplir apenas condiciones jurídicas para la creación de normas y procesos de elegibilidad, pero no podemos justificar el orden normativo ni las elecciones, sin reunir la legitimación expresa tanto en lo político, social y económico del pueblo. En México el apoyo a la democracia es de nivel medio, considerado así más por el régimen de derechos que por la correspondencia entre demandas o necesidades y respuestas de la representatividad o legitimidad del gobierno.
1.4 CUADRO DE APOYO A LA DEMOCRACIA.
Al sistema democrático desde la óptica ius positivista sólo puede considerársele así "cuando en primer término, las normas jurídicas son creadas por órganos legítimos, y en segundo lugar, cuando las propias normas están dirigidas para servir de cauce, y de instrumentos a los restantes sectores del sistema democrático establecido por la estructura normativa, cuya expresión fundamental se encuentra en los preceptos constitucionales".
Por otra parte, la forma en que gobierna la democracia, indica la recíproca posición de coordinación en que se encuentran los individuos e instituciones constitucionales del Estado; pero su esencia no trata sólo de cuestiones comiciales, o legislativas sino de incluir a todos en un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.
En síntesis la Democracia es un "Estado de Sociedad" más que una "forma de gobierno", debido entre otras cosas a que también se busca la consolidación de una cultura política social, fundada en prácticas cotidianas que propicien la construcción de consensos, el convencimiento y la ejecución de programas comunes, antes que la utilización de la fuerza o monopolios de bienestar.
Su articulación depende en gran medida de la funcionalidad hacia la sociedad más que de formalismos o ideas preconizadas como dogmas, es una estrecha correlación entre gobernantes y gobernados y no un estado de sujeción a prejuicios legaloides y sistemas burocráticos. (Ver cuadro 1.5)
Pero si la democracia se utiliza como disfraz de justificación del poder y es un espectáculo distractor del "resto del pueblo", ignorante, aletargado e inconsciente, entonces ésta forma de gobierno que lleva intrínsecamente el germen de su propia destrucción por la corrupción del poder, el desprecio al cumplimiento de las leyes y la razón.
1.5 CUADRO DEL FUNCIONALISTA DE LA DEMOCRACIA
Por su parte, el filósofo John Dewey, escribió a finales de siglo pasado, que la democracia es un medio y no el fin por el cual la gente revela, desarrolla y manifiesta su naturaleza política, arraigada en la libertad, la solidaridad, la elección de trabajo y la capacidad de participar en el orden social.
Si el deterioro institucional impide esa capacidad de participar en la conformación del gobierno y el orden impositivo, porque la libertad está mermada en tanto los demás no sean libres como los son unos cuantos, si la elección del trabajo se debe a la incapacidad educativa y económica del pais, y la solidaridad entre individuos sólo se manifiesta ante la desgracia y los desastres naturales, entonces esas leyes y esa democracia no sirven.
Lamentablemente, el éxito del "gobierno del pueblo" no está asegurado por más bellas que suenen la ideas de soberanía popular, legitimación y voluntad general. Porque las generaciones del nuevo siglo hemos llegado a un festín teórico que ofusca la objetividad con dilucidaciones apoteósicas sobre la grandeza de la democracia, pero la realidad demuestra un grave desinterés por ella: a final de cuentas no es lo que dice ser.
Schumpeter defendía con justa razón, una lectura realista de la democracia. No como había sido soñada por los filósofos sino como existía realmente en determinados lugares, es decir sus manifestaciones históricas concretas, y las únicas que realmente importan para estudiarlas.
A la democracia entonces hay que analizarla desde la célula social básica: La comunidad; el lugar donde habita la gente, donde está más cercana al gobierno y donde agota sus necesidades básicas. Ahí debemos constatar el cabal cumplimiento del orden constitucional y la teoría de la democracia. Ahí descubrir sus deficiencias y su fortaleza.
1.6 CUADRO DE LEGITMIDAD DE LAS INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS.
De lo contrario, contemplar a la democracia en gran escala nos llevaría a pasar por alto el carácter realista, la cotidianidad y el funcionamiento del gobierno comunitario autonómico. Abarcar la democracia como un todo, nos perdería en el camino de lo abstracto e impersonal pues no resuelve ni explica un problema concreto, sino que lo enmarca en supuestos generales.
De ahí la cultura política y la vida cívica se construyan en autopoiesis, desafiando poderes autocráticos y consensos domesticados. En busca de la democracia posible, más allá de la existente y la doctrinaria.
Pues como decía el político español Don Manuel Fraga Iribarne, un gobierno cuya política de desarrollo social, económica y democrática no explique claramente la forma de alcanzar sus objetivos, es un gobierno dudoso e incomprensible, y por demás inútil.
1.7. CUADRO DE CORRUPCIÓN.
No obstante, el debate de la democracia aun no finaliza, ni su éxito está asegurado en la lucha de paradigmas mundiales, el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo aun prevalece en la teoría constitucional pero sin llegar a ser óbice del dinamismo radical que requiere la política para alcanzar el bien común y la paz.
La democracia debe ser transparente y participativa en todos sentidos y para todos. La rendición de cuentas y la claridad en el manejo del poder, son valores indisolubles al gobierno del pueblo, y armas contra el peor de los males de la democracia: La corrupción y la abdicación.
- Participación Política y Gobernabilidad.
La participación política del ciudadano, históricamente ha sido la evolución del orden de derechos reconocidos por razones de costumbre (aerópago espartita), opinión (ágora ateniense), status jurídico (civitatis romano), alianza servil medieval (vassus auxilium et consilium), de resistencia a la opresión (año 1776-1789), y finalmente universales, en igualdad, libertad y derechos del hombre. (Tratado de Viena 1815 y Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948).
El término <<participación>> tiene el común denominador: "tomar parte"; sea en la vida institucional o política del Estado, ya en organizaciones sociales, en la comunicación de ideas, en actividades particulares u opinando sobre algo que les es común a una comunidad o grupo de personas.
Participar per se necesariamente reúne a dos o más personas en una actividad habitual por distintas razones y tiene como fin crear, modificar o extinguir algo.
La participación, es un acto social constituido por decisiones comunes: Activas o pasivas; quien participa por voluntad propia a fin de influir en la sociedad o comunidad, es partícipe activo. Por otro lado, se participa de forma pasiva, dando un voto de confianza o una especie de cheque en blanco por la ausencia de una conducta influyente. Y aunque a primeras luces "no tomar parte" lo excluye de la decisión, no así de lo que les es común.
Sin embargo, sería imposible negar que tomar parte de acciones directas personales para influir en el gobierno, tiene mayores alcances y méritos que simplemente no hacer nada.
Los matices de la participación ciudadana la podemos dividir primeramente en dos: Los que hacen y los que dejan hacer.
Y puesto que los que por diversas razones dejan de participar, por imposibilidad, indiferencia, hartazgo, desobediencia, o simplemente porque esa es su voluntad, el que no incidan activamente en lo público, no significa que la participación sea un término político de una minoría activa, sino mas bien que participar requiere condiciones para su desenvolvimiento en beneficio directo de todos. Pues no todos quieren participar aunque puedan, ni todos pueden hacerlo aunque quieran.
La participación a que nos referimos en este trabajo, se basa en la participación política del ciudadano, en adelante conocida como: participación ciudadana.
Aquí la característica añadida es ciudadanía. Para el maestro Burgoa, ciudadanía es la calidad jurídico-política de los nacionales para intervenir diversificadamente en el gobierno del estado. En otras palabras podemos decir que la ciudadanía constituye el cuerpo político del Estado pues es ahí donde radica el poder de autodeterminación del pueblo (soberanía).
Del término "ciudadanía", Marshall identifica tres aspectos: civil, político y social. En el primero están los elementos necesarios para la libertad individual (pensar, creer, expresar transitar, trabajar, acceso a la justicia, seguridad y propiedad); en el segundo –el político-, está el derecho de participar en la elección o ser electo así como el ejercicio del poder; el tercero – el social- es el conjunto de derechos económicos que corresponden a la condición de vida y distribución de la riqueza.
Sobre esto, el maestro Diego Valadés menciona que en tiempos recientes, un cuarto elementos empieza a surgir de la ciudadanía: la Dignidad. El cual refiere un progresivo desarrollo equitativo e imperativo de los derechos fundamentales del ciudadano.
En esta evolución hacia el ciudadano pleno que goza de la dignidad, inferimos que es necesario establecer y desarrollar los correspondientes instrumentos de participación ciudadana donde confluyan las conductas de gobernantes y gobernados como acción política que eleve la calidad de vida de sus individuos en un ambiente de concertación de temas que les son comunes.
El reconocimiento de los derechos político del ciudadano han sufrido una constante transformación durante la historia, desde considerarlos privilegio de unos cuantos hasta ser derechos fundamentales de todos, pero hace falta todavía dotar al ciudadano de mejores condiciones para alcanzar la validez, eficacia y alcance de las necesidades primarias que aseguren el bienestar de la comunidad sobre la base de individuos y grupos responsables.
Por ello, hablar de participación ciudadana requiere una obligada reflexión aunque breve pero profunda sobre la calidad de ciudadanía, desde cómo se originó y en qué circunstancias se desarrollaron las prerrogativas del ciudadano hasta nuestros días, para entender cuál ha sido la transformación durante más de dos mil años, y la trascendencia que tiene en el Estado democrático actual.
- CONCEPTO Y TIPOS DE PARTICIPACIÓN POLÍTICA CIUDADANA.
Como podemos apreciar, a la participación ciudadana se le concibe entonces como un valor, como un derecho y un deber, o finalmente como un comportamiento individual y colectivo en un contexto social determinado.
Definiríamos a la participación ciudadana como: La acción política directa o indirecta que ejerce el ciudadano en el ámbito público sobre las instituciones, gobierno o leyes dentro de un procedimiento jurídico.
No existe el ciudadano total que tome parte en todo, ni participaciones idénticas, sino que cada quien tiene una forma muy peculiar de participar en su sociedad, sea implementando acciones para corregir, generar o detener efectos en la sociedad, hasta quien participa mediante acciones políticas no convencionales para influir en las decisiones políticas de un Estado o comunidad, o simplemente vive inactivo en sociedad –estado presencial- puesto que la libertad es un derecho que puede o no ejercerse, en tanto que no es obligatorio sino discrecional del individuo y garantizado por el Estado.
1.8 CUADRO DE APOYO A LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA
Por ejemplo, la participación ciudadana en lo político está condicionada al grado de intensidad del individuo: apático, espectador, contendistas o gladiadores. O decirlo de otra forma: inactivo, conformista, reformista, activista y protestatario.
Cualquiera que sea la categoría en que se ubique al individuo en razón de su condición social, rural o urbana, psicológica, cultural, académica, o coyuntura política que experimente, sea por su edad, sexo o el nivel de presión que la sociedad ejerce sobre él.
En suma serán todas y cada una, las que determinen el grado de intensidad de su participación en el ejercicio de los derechos y obligaciones que el status de ciudadano le corresponda.
Con base en la realidad social, asumimos que quien no tiene interés en la vida política, no puede o no quiere, lo haga de diferente forma o grado que los demás, finalmente los individuos colectivamente constituyen el elemento socio-político del estado, y sobre ellos recae toda la actividad política del poder que dimane del gobierno, por tanto su participación es indispensable, y qué mejor si es bajo derechos reglamentados y garantizados de los cuales participó en su perfeccionamiento, creación y legitimidad del poder.
Debemos advertir que una sociedad que no participa en su vida política, está destinada a perder o anquilosar un derecho que tardó miles de años desarrollar como actualmente lo concebimos y aun falta perfeccionar. Que la idea de participación ha germinado en la sociedad, en la medida en que la libertad política democrática cobra relevancia en las distintas sociedades.
Si bien es cierto que también en sociedades no democráticas, existe la participación política, ésta es diferente en forma e intensidad, que en una sociedad cuya organización política sí es democrática; pero en cualquier caso, participar es el pilar fundamental de la estructura social del Estado.
Como demuestra la evolución de ciudadanía, ésta acoge diferentes facetas conforme se le han otorgado derechos políticos a lo largo de la historia, zócalo de la conformación de una cultura cívica. Algunos participaron de forma directa, otros apenas tomados en cuenta, muchos otros aun permanecen omisos.
La participación ciudadana la podemos clasificar en dos importantes segmentos, convencional y no convencional, derivados del grado de alineación al sistema legal democrático o no.
1.1 Convencionales. Son aquellas conductas de individuo reconocidas por el marco jurídico vigente, sin contravenir sus disposiciones o instituciones que serían por ejemplo:
- Interesarse por la información política
- Intervenir en discusiones políticas,
- Influir en el voto de otros,
- Asistir a reuniones o comunicarse con autoridades y dirigentes políticos.
- Hacer campañas políticas,
- Firma de peticiones, huelgas "autorizadas", manifestaciones pacíficas
- Participar en asuntos vecinales o institucionales
- Votar y ser votado.
1.2 No Convencional. Son aquellas conductas de índole político que influyen en el Estado y sociedad de modo adverso a ella y en contra del orden jurídico, que sin embargo son formas de participar políticamente, y aunque no podemos generalizar de fundadas o no, estas acciones son difíciles de calificar por su especial naturaleza y causa. Son por ejemplo:
- El terrorismo,
- La toma de edificios,
- La paralización de una actividad de forma "ilegal",
- Impedir el ejercicio de un derecho ajeno,
- Huelgas "no autorizadas"
- Impago de impuestos
- Daños a la propiedad privada.
Por otro lado, y especial mención merecen, otras formas no convencionales de acción política como las Revoluciones que por su naturaleza no corresponde propiamente a la participación ciudadana porque:
Quienes se rebelan abiertamente en contra de una forma de poder gubernamental no están haciendo uso de sus derechos reconocidos, sino luchando por alguna causa específica, contraria al estado de cosas en curso. Las revoluciones no son un ejemplo de participación ciudadana, sino de transformación de leyes, de las instituciones y de las organizaciones que le dan forma al Estado.
Sin embargo, vemos que la participación no convencional es un efecto de la ausencia de de canales participación institucional para que influyan legalmente en las decisiones trascendentales de la vida política, pues ante una élite de poder sobre protegida y abusiva, una deficiente representación política, extremadamente cara, enrarecida y lenta para la solución de problemas y acorazada ante la opinión pública, se necesitan válvulas de escape como las antes mencionadas.
Un exceso de participación activa no convencional, puede poner en riesgo la viabilidad de un Estado liberal democrático en caso de no darse mecanismos de corrección del gobierno.
Por ello, una democracia sólida requiere de participación, representación y deliberación en el seno de sus principales instituciones políticas, iniciando desde luego por la base del estado: El Municipio; donde está el grueso de la población más cercana al lugar donde se vive y se gobierna.
